Este blog es para el desahogo de un ciudadano que está cansado de que nos cuelen tantos engaños a casi todo el mundo. El único consuelo que me queda por ejercer es el de decir en voz alta "A MI NO ME ENGAÑAN".




Ya está disponible el ensayo
"Las Falacias que nos rodean", de distribución libre y gratuita.

domingo, 7 de mayo de 2017

Populismo y Demagogia



Tras las elecciones presidenciales de Francia de este mes de Mayo de 2017, entre Jean Marie Le Pen y Emmanuel Macron, no he podido evitar traer a colacion un articulo que forma parte de "Las Falacias que nos Rodean", y que reproduzco a continuación: 

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Esta falacia podría pensarse que es tan sólo un distractor, y de hecho lo es, pero es mucho más que un mero distractor. Es un insulto proferido con rabia por la casta contra todo lo que se le pueda oponer, y tiene una serie de connotaciones que la hacen merecedora de apartado específico.
No hay dos palabras más usadas en la actualidad política que “populismo” y “demagogia”. Las palabras más usadas no son desempleo, corrupción, emigrados, censura, puertas giratorias, rescate bancario o desahucios, no. Son “populismo” y “demagogia”.
A estas alturas no hace falta que diga que si esto es así es porque así interesa que sea. Primero, porque cuando se habla de esos conceptos, no se habla de lo que ellos no quieren que se hable, como el desempleo o la corrupción. Pero es que además, esas dos palabras son una etiqueta que sirven para criminalizar todo lo que no interesa, o más específicamente, todas las propuestas que, siquiera mínimamente, tratan de revertir o paralizar el latrocinio que está sufriendo el pueblo.
-          Si los ciudadanos vamos a compartir las pérdidas de los bancos, también queremos que se comparan los beneficios.
-          Nooo, eso es demagógico y populista
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-          Las penas por corrupción política deberían aumentarse, y no salir los culpables de la cárcel hasta devolver lo robado
-          Nooo, eso es demagógico y populista
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-          Habría que prohibir las puertas giratorias para reducir la corrupción política
-          Nooo, eso es demagógico y populista
*             *             *
-          Queremos poder autoconsumir nuestra propia energía.
-          Nooo, eso es demagógico y populista ILUSTRACIÓN 8
Todo aquello que se diga o proponga, y suponga una merma en los privilegios de los castuzos, y todo aquello que sea una pequeña defensa del patrimonio de las personas que aún no necesitan rebuscar en los contenedores y pueden comer tres veces al día, todo eso es demagógico y populista. Si perjudica a la casta, demagógico y populista. Cualquier medida de ahorro que permite que tú te ahorres un euro que en un principio ibas a gastar en una empresa del Ibex35, demagógica y populista. Si dificulta que un chorizo de guante blanco robe mil millones de euros, demagógico y populista. Si molesta a los ladrones, es demagógico y populista



Relacionado con este hecho está el que, si nos guiamos por los medios oficiales, la izquierda y la derecha no existen, sino tan sólo la extrema derecha y la extrema izquierda, así como el centro. Por supuesto, a todos los partidos que están en alguno de los dos supuestos extremos se les califica como partidos populistas.
Personajes tan distintos como Hugo Chávez, Donald Trump, Marine Le Pen, Varoufakis o Nigel Farage[1] reciben el calificativo de populistas. Estos personajes son muy distintos, pero hay algo que tienen en común. Sus propuestas, lleguen a buen puerto como en el caso de Trump y Farage, fracasen como en el caso de Varoufakis y Le Pen, o se queden a medias como en el de Hugo Chávez, son propuestas que perjudican al establishment imperante. Unos atacan a la austeridad europea que sólo consigue que cada vez haya más paro y la mano de obra sea más barata. Otro se opone al libre comercio con China, la gran exportadora de mano de obra barata. Otro propone supeditar el pago de la deuda a otras cuestiones más importantes como el que los seres humanos coman tres veces al día. Alguno hay que pretende salirse del euro y recuperar la soberanía monetaria.
Pero vamos a hacer un ejercicio de ser permeable a las advertencias sobre los supuestos peligros de los que se nos advierte desde el extremo centro. Admitamos que los populismos son lo más peligroso que le puede pasar a un país. Más peligroso que un paro desbocado, que perder la soberanía industrial y financiera, o que la gente pase hambre. Admitamos el supuesto de que son más peligrosos que la guerra. Si tan, tan peligrosos son los populismos, ¿entonces por qué el extremo centro no rectifica sus políticas austericidas, para así evitar que la gente vote a los populistas? De modo que en aquellas ocasiones en los cuales la gente vota lo que hay que votar, y gana el extremo centro por un 52% frente al 48% de los populismos, en ese caso la única reacción que se puede contemplar en los impopulistas de extremo centro es que descorchan una botella de champán para celebrar que tienen cuatro años por delante para hacer exactamente lo mismo que han estado haciendo, esas políticas que han llevado a un 48% de la población a votar a los populismos, sin rectificar ni cambiar absolutamente nada. Eso ha pasado en Francia, donde ha estado a punto de ganar la “extrema derecha” varias veces, y también en Austria en 2016 y en Holanda en 2017.




Luego, cuando al cabo de cuatro años se convocan de nuevo elecciones, vuelven a alertar de los populismos, la gente vuelve a picar, y ganan otra vez los impopulistas de extremo centro por un 51% frente a un 49% de los populistas. Entonces vuelven a descorchar otra botella de champán y siguen con sus mismas políticas de siempre otros cuatro años más. Por supuesto, de nuevo, no rectifican absolutamente nada de sus políticas.
Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe, y cuando en algún referéndum o elecciones, por un 51% gana la opción populista del Brexit, el populista de Trump, o los populistas de Syriza, los impopulistas de extremo centro se llevan las manos a la cabeza, y se preguntan sorprendidos, “¿cómo ha sido posible que venzan los populismos?” No se lo explican. Debe ser que aún le dura la resaca de las botellas de champán que descorcharon para celebrar sus victorias anteriores. Muy potente debe ser ese champán para provocar borracheras de cuatro años.
Volviendo otra vez sobre el supuesto de aceptar que la derecha y la izquierda a secas no existen, y sólo existen los extremos, en el fondo hay que reconocer que bien pudiera ser verdad.
Comencemos por la derecha. Dejando de lado si es lo correcto o no, y de críticas tópicas, la derecha se supone que es el conjunto de partidos y organizaciones que anteponen los intereses nacionales ante cualquier otra consideración. Empresas nacionales, cultura nacional, historia nacional… España lo primero. Desde luego, en España, parece que no hay ningún partido político que quiera defender la industria nacional. No conozco ninguno que tenga, al menos como concepto teórico en su programa electoral, la recuperación de la industria. Textiles, jugueteras, acereras… Y no sólo recuperar la que se perdió, o crear otras nuevas, sino al menos no fastidiar a la existente, a la que aún sobrevive. No hay un partido de derechas que decida dejar de comprar a los socios del ISIS, y acometa el objetivo de una España libre… libre de petróleo. Santiago y cierra España. Cierra España con nuestro sol y nuestro viento, dando trabajo a españoles gracias a la tecnología española con empresas españolas que pagan impuestos en España y reparten dividendos a los ahorradores españoles. No veo esa derecha. No existe.
Tampoco hay partidos que promuevan la divulgación de nuestra cultura, y por cultura no me refiero a torturar toros, me refiero a fomentar la lectura de Unamuno, de Pérez Galdós, a hacer películas sobre Bécquer o sobre Góngora, series sobre Quevedo o Lope de Vega o sobre Blas de Lezo. Todos hemos oído hablar de la derrota de Trafalgar, pero ¿Quién ha oído hablar de la batalla del cabo de Santa María[2]? La Historia española es ignorada, y se hace muy poco por promocionarla. La cultura general cada vez es menos valorada. Hay que darle más importancia a artes como la música, para que las orquestas sinfónicas que hay en España puedan nutrirse de intérpretes españoles. Se debería dedicar presupuesto, contratando gente e invirtiendo en material para poner a salvo los elementos culturales que día a día se van deteriorando. Cuando queramos darnos cuenta, habremos perdido nuestro patrimonio histórico. El pasado y la memoria se pierden más rápido de lo que parece.
En resumen, que igual los impopulistas tienen razón, y sólo hay extrema derecha, y no derecha a secas. Al menos en España.
Y ahora vamos con la izquierda. Procediendo igual que con la derecha, y prescindiendo de ataques tópicos y sin entrar en si es lo bueno o no, sino centrándonos en su definición para identificarla, se supone que para la izquierda la clase trabajadora es lo importante y a ella debe supeditarse el capital. Las fronteras son algo secundario. Según el nivel de profundidad al que se aplique esta idea tendremos socialismo, comunismo o anarquismo, pero todo ello es izquierda.
Sin embargo, la izquierda española anda en otras cosas. La independencia de Cataluña (que no es otra cosa que crear una nueva frontera), el lenguaje de género… todo eso son cuestiones accesorias. Lo prioritario es aplicar políticas de creación de empleo, de devolución de derechos a los ciudadanos, a los trabajadores, que es el pilar de la izquierda. Lo secundario no debería ocupar mucho tiempo.
Respecto a la cuestión catalana, ¿Qué ganan los trabajadores de una Cataluña independiente, con un PIB recortado por la corrupción autóctona y con una sociedad civil catalana desmantelada y una clase trabajadora catalana empobrecida, en comparación con la sociedad civil española desmantelada y una clase trabajadora española empobrecida? Con la independencia, la izquierda no consigue su objetivo, que es mejorar la clase trabajadora. Quienes consiguen su objetivo son los nacionalistas catalanes.
Y con esto no digo que un territorio no tenga derecho a plantear que pueda ser independiente. Digo que de la independencia de Cataluña que se encarguen los nacionalistas, que para eso es su objetivo, y para eso suelen ser de derechas, porque recordemos lo ya dicho, la defensa de las identidades nacionales es el pilar de la derecha. La izquierda española yendo de la mano de la derecha nacionalista de Cataluña es algo que me resulta inexplicable, incoherente.
Para colmo si prospera una de las variantes de la independencia, según la cual la Cataluña independiente bien podría terminar siendo una monarquía, entonces eso ya directamente es un recochineo. Si esa opción tuviera éxito, igual terminamos viendo pancartas con la hoz y el martillo celebrando el nombramiento del primer monarca del Reino de Cataluña con su correspondiente pancarta: “El Partido Comunista del Ampurdán[3], con Artur I de Catalunya”
Por otra parte, en aquellos casos en los que se pretenda gestionar un partido que no sea ni de derechas ni de izquierdas, sino en el que las personas puedan votar cada una de las opciones por separado, una viable política asamblearia a gran escala, cosa que defiendo, entonces que se promuevan votaciones donde todos los implicados puedan votar. Y en el caso de la independencia de Cataluña todos los implicados son todos los españoles, es algo así como un divorcio. Un matrimonio se divorcia si uno de los dos miembros quiere disolverlo, no sólo si quiere irse el que tiene el privilegio de romper la unión. O mirándolo en sentido opuesto, el matrimonio sigue adelante mientras los dos miembros así lo quieran.
Del mismo modo, España debe seguir unida mientras lo quieran tanto Cataluña como el resto de España. Si se duda que esa unión deba seguir adelante, por la existencia de indicios que inviten a pensar que una de las dos partes no quieres seguir con la unión, entonces habrá que preguntarle a Cataluña si quiere seguir unida al resto de España y también habrá que preguntar, y esto es lo que nadie se atreve a decir, si el resto de España quiere seguir unida a Cataluña. Porque igual sale en Cataluña que quieren seguir formando parte de España, y que el resto de España no quiere seguir unida a Cataluña, y esto habría que respetarlo, porque recordemos lo que dicen los nacionalistas catalanes, cosa que comparto, el resultado de un referéndum hay que respetarlo, incluso aunque la democracia se equivoque. En ese caso, aún con una mayoría de votos en Cataluña a favor de permanecer unidos, la unión nacional se rompería. Esta opción es muy distinta a lo que proponen los partidarios de la indivisibilidad de la nación, que dicen que referéndum no, y si se convoca, debería ser en una única circunscripción nacional, con cómputo global de ambas opciones.
Sé la respuesta estereotipo ante la propuesta que se hace en estas líneas, y es que ese sistema no está bien porque “no se puede echar a Cataluña como castigo o por odio”. Eso es doble moral o jugar con las palabras, quien plantee la anterior objeción es que piensa que Cataluña puede independizarse, pero España no puede echarla. Eso recuerda a las aberrantes leyes realmente machistas de épocas pasadas. El marido podía repudiar a la esposa, pero la esposa no podía abandonar el hogar. No usemos dos expresiones para un mismo fenómeno, que no es otro que la ruptura del país. Así pues, Referéndum sobre la independencia de Cataluña ya. Referéndum en toda España, eso sí. Y si una de las partes quiere decir adiós, pues se disuelven los lazos históricos que han mantenido unidos a los territorios y aquí paz y después gloria. Y partiendo de este condicionante, que los catalanes decidan si quieren votar a partidos nacionalistas que están a favor de que se produzca un referéndum, que de celebrarse se celebrará en toda España. Pero de eso, insisto, que se encargue la derecha catalana, que para eso está. La izquierda española y la catalana que se encarguen de defender los derechos de los trabajadores españoles y catalanes.
Y aquellos partidos que pretendan no ser ni de izquierdas ni de derechas, lo cual está bien porque implica el incremento del espectro político, como son los partidos asamblearios, que se encarguen de defender un modelo de participación donde en todos los asuntos de importancia puedan votar todos los afectados, no sólo una parte de ellos. Lo que no entre dentro de los anteriores supuestos, es incoherente.
Es posible que haya quienes piensen que “al menos la derecha española actúa de manera coherente en este asunto porque defiende la unidad de España”, pero a mi modo de ver, esto no es así. La derecha española, de ser coherente defendería la unidad nacional sin odio hacía ninguna de sus partes. Suena a chiste afirmar que “los catalanes son odiosos, no los quiero ver ni en pintura, y por eso Cataluña debe seguir siendo española, y los catalanes deben seguir siendo españoles”, y este mensaje es que el que destilan muchas personas de derechas. El ejemplo más claro es el boicot a los productos catalanes. Si sistemáticamente no compras ningún producto de allí, sea alimento, medicinas o música, ¿para qué quieres que siga formando parte de España? ¿Para fastidiarla, como en los culebrones donde el marido no concede el divorcio a la mujer para así impedir que se case con otro? Cuando algo no gusta, lo normal es tratar de expulsarlo de la vida. Retener lo que odias, no tiene sentido. Si lo odias, déjalo marchar.
Antes de seguir con los problemas que no son de los trabajadores, hago un pequeño inciso para hacer una predicción. Todo lo que se comenta aquí sobre Cataluña será interpretado por la gente de derechas como que estoy aportando excusas para romper España, a la cual dirán que odio. Por los independentistas catalanes seré acusado de catalanofóbico, por promover la expulsión de los catalanes. Y los lectores de izquierdas dirán que soy un aliado del PP disfrazado bajo una careta (con ésta última al menos podré reírme largo y tendido con todo aquel que me conozca bien).
Siguiendo con el hilo principal, todo lo dicho sobre la independencia de Cataluña, problema que no es de la izquierda, se puede decir de otros temas accesorios que entretienen a la izquierda. Nombres de calles, lenguaje políticamente correcto, e hipersensibilidad a lo que molesta, hipersensibilidad que por otra parte comparte con la derecha, parece que ambos bandos compiten por ver cuál es más susceptible. Los problemas principales siguen sin combatirse, sigue sin haber una izquierda que realmente se preocupe por el paro, por reindustrializar el país con un plan quinquenal, por ejecutar una buena reforma agraria que conceda tierras a los jornales endémicamente desempleados cuya única posibilidad de subsistencia pasa por cobrar el PER. No hay una izquierda que quiera mantener un Estado completamente laico, entendiendo Estado laico como aquel que no asume ninguna religión, no que asume una religión minoritaria. Cambiar los símbolos católicos por los islámicos no debe ser un objetivo de la izquierda. La izquierda debe promover un Estado Laico, con una educación laica y libre de símbolos religiosos de cualquier tipo. Hay por supuesto cosas más importantes que la laicidad de la educación y sería normal que no tuviera tiempo para este punto, por lo que la alternativa razonable sería no hacer nada, es decir, no promover que se quiten y por supuesto no promover que se añadan símbolos religiosos. Gastar energías en luchar porque se permita que entren a los colegios otros símbolos religiosos además de los ya imperantes es directamente una contradicción. Sin ser tan grave, gastar energías en que retiren la misa de la televisión es una ineficiente pérdida de tiempo, pues hay cosas más importantes. Más aun sabiendo cómo son los casposos nacionales, que usarán eso como una oportunidad de oro para reivindicar su casposismo. A veces parece que Pablo Iglesias y Mariano Rajoy se ponen de acuerdo para ver lo que va a decir cada uno, y asegurarse de que el otro va a contestar para así generar ruido en temas secundarios y estúpidos y no dedicarle energía a temas más importantes.
O no se hace nada para dedicar las energías a problemas más importantes, o se hace algo con la finalidad de evitar que no haya ningún signo religioso en los colegios, y para no dejar que entre ninguno más.
Un Estado laico, por si hubiera dudas, no está reñido con el ejercicio libre que cada persona quiera hacer de su espiritualidad, de manera que quien quiera delegar ésta en una religión, es libre de hacerlo, y quien quiera vivirla al margen de todas las religiones, también. Pero esta opción debe ser eso, una opción que cada cual decida, el Estado, el patrimonio y la administración de todos, y especialmente la educación, debe ser ajena a estas opciones.
Otra cosa que cansa de la izquierda es su obsesión con los temas de las minorías que ya tienen reconocidos sus derechos. El colectivo LGTB está totalmente igualado en derechos al resto de la sociedad, así que ahora los problemas de sus integrantes son otros. Esos derechos los reconocen las leyes de la nación, y la mayoría de la sociedad, salvo otras minorías excluyentes, que no son el ejemplo a seguir. El problema que tienen los gays y lesbianas no es que no puedan constituirse como pareja de hecho o matrimonio, cosa que ya pueden hacer, sino que una pareja de hecho de dos mujeres, por poner un ejemplo, no va a encontrar trabajo en el que pueda ganar más de 700 euros al mes, por-que-en-Es-pa-ña-no-hay-in-dus-tria-y-si-mu-cho-pa-ro-con-tra-el-cu-al-la-iz‑quier-da-no-ha-ce-na-da. ¡No es el heteropatriarcado, es el trabajo, estúpidos! Los objetivos logrados, logrados están. Ahora, a reindustrializar el país para crear puestos de trabajo, estables, bien remunerados y cualificados, como si fuerais la izquierda, y no en lo que os habéis convertido.


[1] Hugo Chávez fue elegido presidente mediante sufragio, en 1999, de la República de Venezuela. Donald Trump fue elegido presidente mediante sufragio, en 2016, de Estados Unidos, considerado el más claro ejemplo de capitalismo. Marie Le Pen es líder del partido Frente Nacional de Francia, partido que aboga por que Francia abandone el euro. Varoufakis fue ministro de Economía de Grecia y apostaba por una renegociación en que se tuvieran en cuenta cuestiones humanas, hasta que fue destituido por presiones de la troika comunitaria. Nigel Farage fue un político británico que apoyó el Brexit.
[2] La batalla del cabo de Santa María tuvo lugar en agosto de 1780, y supuso una gran victoria sobre los ingleses. Se sugiere leer alguna de las crónicas al respecto.
[3] La elección del PC del Ampurdán se hace con animus iocandi, en tanto en cuanto es posiblemente la comarca más conocida de Cataluña.

jueves, 4 de mayo de 2017

Sobre trabajar gratis para aprender


Esta trampa mental está muy extendida, y tengo especial interés en tratarla ampliamente para que quede clara, así que aviso que su análisis será largo. Y tengo interés porque encierra una gran parte de verdad, y en cierto modo se puede decir que estoy de acuerdo con su enunciado. Con lo que no estoy de acuerdo es conque haya quienes se aprovechen de la parte de verdad que encierra, o la apliquen de manera interesada.

Comencemos por el principio. Pongamos que alguien ha terminado una carrera, o un curso de enseñanza profesional, o bien que no ha estudiado ninguna formación, sino que quiere ponerse a trabajar. En todos esos casos, esa persona necesita adquirir un conocimiento práctico, complementario del teórico que ya tenga, para ejercer su profesión con maestría. La mejor manera de adquirir ese conocimiento es comenzar a ejercerlo cuanto antes, lo mejor que se pueda. Es evidente que el trabajo que desarrollará será peor que el de alguien con experiencia.

La limpiadora tardará más en limpiar, el mecánico de coches más en cambiar los neumáticos, etc. Por ello, una hora del aprendiz vale menos que una hora del trabajador experto. Y aquí ya tenemos la primera puntualización a realizar. Esa hora vale menos, pero un valor sí que tiene.

Por prueba y error, se puede aprender, pero ese aprendizaje se acelera si el aprendiz, el novato, tiene alguien al lado con experiencia que enseña cómo se debe hacer el trabajo.

Cuanto antes aprenda el aprendiz, antes podrá empezar a cobrar más dinero, y eso se facilita si el aprendiz tiene al lado alguien con experiencia que le enseñe. Por lo tanto, esa formación que recibe, forma parte de la remuneración, tiene un valor, y habilita moralmente al empleador formador a pagar aún menos que ese menor valor que tiene el trabajo, pues parte de la remuneración es en especie, en formación. Hasta ahí de acuerdo.

Cuando se dice que, para aprender, hay que trabajar gratis, lo que se está asumiendo es que la productividad del aprendiz es mucho menor que la del experto, lo cual podemos llegar a aceptarlo, pero no sólo eso, sino que el valor de la formación que el experto es mayor que esa productividad, por lo que al detraer del sueldo del aprendiz, el valor de la formación, entraríamos en terreno neutro o negativo.

Esto es a todas luces imposible, salvo que se le otorgue un valor muy alto a la formación impartida por el experto.

Un aprendiz que trabaje seis horas al día, a las órdenes de un experto, va a estar trabajando cinco horas y media, o cinco y tres cuartos. El tiempo que el experto va a estar dando consejos, y revisando el trabajo para corregirlo rara vez va a superar la media hora al día. Trabajar gratis equivale a decir que media hora de formación vale tanto como cinco horas y media de trabajo de aprendiz. Que de acuerdo que vale menos que el del experto, pero oye, digo yo que algo valdrá, ¿no? ¿Tan poco vale el trabajo del aprendiz y tantísimo vale la hora del experto?

Quienes tratan de usar esta falacia lo que hacen es focalizar el beneficio en el aprendiz. Dicen “tú, aprendiz, obtienes un beneficio al aprender, ¿no? Pues entonces trabaja gratis”, y obvian el hecho de que el empleador, por mucho que sea experto y por mucho que enseñe, también obtiene un beneficio.

Para que esté justificado el trabajar gratis, la formación que esté recibiendo el trabajador debe ser muy valiosa, o debe tener acceso a maquinaria y herramientas que él, por sí mismo, no podría obtener. Pienso en manejar un radiotelescopio de la NASA, ser auxiliar de un cirujano capaz de hacer un trasplante simultáneo de pulmón y corazón, o recibir clases de teatro a las órdenes de un director que ha recibido dos Oscar o algo así. Que un chef, o mejor dicho, que un cocinero CUTRE Y SALCHICHERO, que se llama a sí mismo Chef, que en usa palabros como "deconstruir" y chorradas varias, con todo su autobombo y sus estrellas Michelin y sus pamplinas te diga como pelar las cebollas en juliana NO ENTRA en esa categoría de trabajo muy muy difícil y muy prestigioso. Esos lo que hacen es ESTAFAR a los becarios.

Trabajar limpiando escaleras seis horas al día para que, cuando he terminado, alguien experto me diga, en quince segundos “la mugre de los rincones no la has quitado bien, para que salga, ráspala el un cuchillo viejo que está en el carro” equivale a decir que seis horas de limpieza d alguien inexperto valen tanto como quince segundos de clases particulares. Eso es un disparate.

También hay casos en los que, por la naturaleza del trabajo, es muy poco probable aprender algo. Por ejemplo, casos de hacer encuestas mediante llamadas de teléfono, fotocopiando papeles, y cosas de ese tipo. Conozco gente con titulación universitaria que ha trabajado gratis haciendo encuestas por teléfono para aprender.

¿Para aprender qué? ¿A hablar? ¿A marcar números en un teléfono? ¿A sostener el teléfono sin que te aparezca una lesión en el hombro por malos hábitos posturales? (cosa que en el caso al que me refiero lo aprendió gracias a mí después de que dijera que estaba empezando a tener molestias, y no gracias al empleador, que no la formó ni siquiera en higiene postural)

En otras ocasiones, es cierto que sí hay cierta formación, pero es una formación con trampa, porque es una formación que sólo se puede aplicar en la empresa en la que estás trabajando. El aprender a manejar las aplicaciones internas, los procedimientos, el organigrama, es un aprendizaje, pero eso sólo es de aplicación en esa empresa, el trabajador nunca le podrá sacar partido en otra empresa, y por lo tanto, el valor de esa formación es nulo a efectos de remuneración.

Pero hay casos más extremos. Hay casos en los que el empleador no forma al aprendiz porque él tampoco sabe. Pero usa la muletilla “para aprender, hay que trabajar gratis”, saltándose las condiciones para que esa afirmación sea válida. Y hay más, hay casos en los que el empleador no sólo no sabe, sino que además espera que el aprendiz, en el futuro, cuando ya ha aprendido, enseñe al empleador. Ahí ya es totalmente injustificable el trabajar gratis. La secuencia del latrocinio paulatino es la siguiente:

1)       Trabaja gratis porque te voy a dar formación, y la formación es muy valiosa.

2)       Ahora que has aceptado el punto 1, te cambio de las reglas: No te doy formación, pero de todas formas sigue trabajando gratis, puesto que estamos en esa dinámica. No vamos a cambiarla, y menos precisamente ahora.

3)       Ahora que ya has aprendido, enséñame. Total enseñar es fácil y no cuesta ningún trabajo.

Nótese la contradicción que suponen los puntos 1 y 3. Ni que decir tiene que si no entras en la dinámica, te darán un calificativo despectivo. Si dices que no al punto 1, te dirán que eres un señorito que quiere comenzar directamente desde lo más alto. Si aceptas el 1, pero no el 2, te dirán que no tienes aguante. Y si dices que no en el 3, te dirán que eres un rencoroso.

¿Estoy animando entonces a la gente a no aspirar a aprender? ¿A conformarse con la ignorancia o la mediocridad?

No, nunca haría eso. Aprender es hermoso, y útil. Si quieres hacer algo, y necesitas aprender, aprende, y una buena manera puede ser hacerlo de la mano de quien sí sabe. Pero sólo si esa persona no se va a aprovechar de ti, y si el trato es razonable y justo. Es lógico cobrar menos cuando se está aprendiendo, y tanto menos cuanto más útil, importante y exclusivo sea lo que vas a aprender. Pero sólo si realmente te van a enseñar. Si tu aprendizaje no lo vas a obtener porque alguien te supervise y enseñe, sino como resultado de tu ensayo y error en el desempeño de la tarea, mejor que abandones esa empresa, y hagas ese mismo trabajo, pero en otro entorno donde nadie se aproveche de ti.

Una cosa es que para aprender pueda ser necesario trabajar gratis, y otra cosa es que sea necesario trabajar gratis para una empresa, y menos aún para la empresa en concreto que está tratando de convencerte.

Se puede aprender sin que nadie sinvergüenza se aproveche. Se puede aprender a limpiar colaborando con una ONG que atienda a ancianos sin familia que no pueden valerse por sí mismos. El estropajo y el detergente puedes comprarlo tú. Se puede aprender a redactar recursos para evitar desahucios colaborando con alguna ONG que paralice desahucios de ancianos sin formación. Se puede aprender a programar con un viejo PC en tu casa y una guía.

Y ahora hablemos de las implicaciones que esto tiene en los clientes. Hemos aceptado que, bajo ciertas condiciones, puede ser admisible que un trabajador cobre sustancialmente menos si está aprendiendo, pero las empresas rara vez hacen descuentos al cliente por que el trabajo lo está desarrollando un empleado que está aprendiendo. Un taller cuyos neumáticos los cambia el aprendiz no hace descuentos. Una empresa de limpieza cuya limpiadora está aprendiendo no hace descuentos. Y si el camarero de un bar es un aprendiz, tampoco hay descuentos en las tapas. Hay entonces una sustracción ilícita, pues el aprendiz cobra menos, pero el cliente final paga lo mismo. La diferencia se la queda el empresaurio. Y ahora que venga un empresaurio a decir que la plusvalía no existe”.

Por otra parte, si aceptamos el enunciado de la falacia, eso sería aplicable a todo el mundo, ¿no? Los actuales presidentes de empresas de telecomunicaciones, de bancos y eléctricas, nunca antes habían trabajado presidiendo empresas de telecomunicaciones, bancos o eléctricas, por lo que tendrían que trabajar gratis hasta aprender. Sin embargo, en estos casos no se aplica. En estos casos, lo que se emplea es lo que algunos llamamos la analogía de Pentecostés[1]. Es decir, cuando alguien es designado para un cargo castuzo, eso automáticamente le da todo el conocimiento necesario para la tarea. Alguien que nunca antes haya presidido nada, ni siquiera su comunidad de vecinos, si es nombrado presidente de una gran compañía eléctrica o de telecomunicaciones, por el mero nombramiento ya tiene todo el conocimiento necesario para hacer bien su labor. A menor nivel, si una persona castucita que no ha terminado la carrera es nombrada para supervisar la contratación de diez mil suministros o la concesión de cien millones en subvenciones, por el mero nombramiento, no necesitará aprender nada, ya lo sabe todo. No necesita aprender como el resto de los mortales. Si acaso, precisará algo de ayuda auxiliar de escaso valor.

Por último, decir que esta falacia se ve potenciada con su prima hermana “Es importante tener trabajo”. Como la gente piensa que “es importante tener trabajo”, pues voy a trabajar aunque sea gratis. De esa manera, al menos tengo trabajo. En esta afirmación hay una trampa. Lo que es importante no es tener trabajo, sino tener ingresos. Y una manera de tener ingresos, la más habitual de hecho, es tener trabajo. Es por eso que la afirmación real, “es importante tener ingresos” ha derivado en “es importante tener trabajo”, y que es la que se fomenta por parte de los aprovechados. Porque claro, si todo el mundo tuviera claro que “lo importante es tener ingresos” ya me diréis quién iba a trabajar gratis.



[1] El milagro de Pentecostés fue aquel en el que, según la tradición cristiana, el Espíritu Santo imbuyó el conocimiento de todas las lenguas vivas en los apóstoles para que divulgaran el cristianismo por todo el mundo.